Patrocinadores




RECONVERSIÓN EN EL SECTOR AGROALIMENTARIO: REALIDADES Y OPORTUNIDADES

RECONVERSIÓN EN EL SECTOR AGROALIMENTARIO: REALIDADES Y OPORTUNIDADES

Por Gustavo Aravena P.
Profesor de Estado
Ingeniero Agrónomo. MBA
Director de Vinculación con el Medio
Facultad de Ciencias Agropecuarias y Forestales
Universidad de La Frontera
gustavo.aravena@ufrontera.cl

________________________________________________________________________________________________________________________________________

Cada cierto período de tiempo el tema de la reconversión productiva en el sector agroalimentario emerge casi como una especie de mito que se hace presente, especialmente frente a situaciones de coyuntura de mercado de algunos rubros específicos. Sin embargo, considerando el actual y futuro escenario agroalimentario, ello debiera ser un desafío permanente, estrechamente asociado a la innovación, pues aunque conceptualmente son temas diferentes, entre ellos existe una estrecha relación; esto es reconversión – innovación. Todo esto conlleva a nuevas oportunidades de desarrollo de negocios en bienes y servicios agroalimentarios.

Ahora bien, de manera creciente y con carácter de irreversible, los temas de la alimentación saludable y el cuidado del medio ambiente, deben ser parte esencial de las consideraciones a tener presente al momento de definir la oferta de bienes y servicios en el sector agroalimentario.

En el contexto del mercado global, la población demanda cada vez más productos sanos para la salud humana, pues de momento existe abundante evidencia científica de la estrecha relación entre alimentación y bienestar en salud. Más aún, en el caso de Chile y también en el mundo se ha evidenciado un cambio en las características de la demanda, explicable entre otros, por el mayor nivel educacional alcanzado por la población y en la conciencia en la sociedad de que una sana alimentación tiene directa relación con la calidad de vida de las personas.

Con respecto al cuidado del medio ambiente, es oportuno señalar que hoy nos encontramos frente a un cambio de época, en donde ha emergido una nueva conciencia humana en relación a los ecosistemas naturales y los artificiales productivos. En crecientes zonas del mundo se está trabajando acuciosamente en una especie de alianza con la naturaleza, la única que poseemos y que se configura como un sistema de integración con el ser humano. Esta conciencia sostenida está revisando permanentemente nuestras relaciones humanas y tecnológicas con el planeta. Sí existe una vinculación esencial entre la naturaleza y el ser humano, hay que llegar al reconocimiento de que los sistemas ecológicos naturales o los productivos creados por el hombre, exigen éticamente mucho estudio y análisis. Es por ello que es absolutamente necesario que construyamos un marco conceptual y de procesos productivos que se configure como principio ético en la relación hombre naturaleza, especialmente en el ámbito productivo agroalimentario.

Hoy el consumidor demanda productos ambientalmente amigables y saludables para las personas, que en lo posible que sean naturales y ecológicos. En la medida que el país se vaya desarrollando aún más y los niveles socio educacionales se vayan elevando, va a existir mayor presión en el consumo de este tipo de bienes. Debemos y podemos adaptarnos frente a ello. La buena noticia, es que podemos prever a futuro lo que sucederá en el mercado local, toda vez, que estas megatendencias ya están instaladas en países desarrollados como por ejemplo los de Europa y estas condicionantes tarde o temprano, indefectiblemente llegan al mercado local.

Existen cambios en los patrones de conducta expresada en el consumo de alimentos, en donde cada vez son más demandados los productos de mayor calidad e inocuidad, de fácil preparación en la agitada vida moderna, más saludables y con mejores características nutricionales. La dinámica en los hábitos y preferencias de los consumidores obliga a realizar acciones para conocer gustos y preferencia con el propósito de desarrollar estrategias de inserción y permanencia en nichos y segmentos de mercado.

A futuro en el ámbito agroalimentario asociado al sector primario de la economía, evidentemente que se deberá seguir produciendo los tradicionales commodities, sin embargo, ello tiene que ir aparejado con el cumplimiento de los estándares de calidad, los necesarios cuidados del medio ambiente. Esto implica que ya no se puede seguir produciendo de la misma forma, aunque sean rubros tradicionales. Por otra parte, en el sector secundario se deben introducir prácticas de manejo y tecnologías cada vez más limpias, cumpliendo con toda la normativa que existe al respecto. Para el sector terciario de los servicios emergen cada vez más posibilidades de negocios sostenibles.

Por otra parte, cada territorio debe encontrar su propio espacio productivo, según sus condiciones agroecológicas, en donde se tenga claridad en que los competidores no son el resto del país, sino que aquéllas grandes potencias agroexportadoras y por cierto eso lo debemos tener presente en la toma de decisiones. En este contexto entonces la respuesta es la innovación, lo que junto a los recursos humanos y tecnológicos, son los activos imprescindibles para enfrentar el futuro y poder consolidar las ventajas competitivas de los diferentes territorios y del país.

Las competencias para la innovación deben estar cimentadas en una serie de habilidades y conceptos, que deben ser inherentes a los procesos formativos de la sociedad. La innovación debiera ser parte de nuestra cultura nacional, para lo cuál se requiere mejorar los esfuerzos formativos de las nuevas generaciones. Se requiere de reforzamiento técnico conceptual y motivacional a nivel de recursos humanos, ya sea en la mano de obra calificada, técnicos y profesionales.

Sería de la mayor relevancia incorporar la innovación como un componente curricular permanente en los procesos de enseñanza aprendizaje del sistema educacional formal; como asimismo ello, es decir, la innovación, debe configurarse como un filtro más en los procesos de evaluación de proyectos o iniciativas de desarrollo con apoyo público y/o privado, así como acceder a la oportunidad de acceder a talleres o seminarios donde se practique la innovación, con testimonios de emprendedores de los sectores primario, secundario y terciario.

En otro orden, cabe señalar que particularmente la zona centro sur y sur del país, se cuenta con condiciones para desarrollar el sector agropecuario y agroindustrial, configurando ello oportunidades de modernización, rentabilidad y sostenibilidad en los negocios. En ello hay implícito variables tanto de las ventajas comparativas, como de las ventajas competitivas.

En ocasiones a los productores les resulta más cómodo seguir haciendo “más de lo mismo”; sin embargo ello implica de que nada va a cambiar. Hay que atreverse a desarrollar iniciativas de largo plazo, siempre y cuando por cierto se cuente con activos, patrimonio y voluntad suficientes para llevarlo a la práctica concreta. Relacionado con ello, debemos considerar que todavía en Chile es un tema pendiente la asociatividad de los productores. La agricultura es un negocio altamente competitivo, por tanto es necesario cambiar los paradigmas y dejar atrás el individualismo y afrontar los procesos de reconversión en conjunto, a través de la asociatividad. Con grupos de personas en que entre ellos exista confianza en el más amplio sentido de la palabra, el trabajar en conjunto debiera dar buenos resultados. En mucho países en el mundo a modo de ejemplo las cooperativas han sido un éxito, en donde el modelo básicamente consiste en que el productor genera los bienes y la cooperativa es la que se encarga de comercializar.

La asociatividad permite desencadenar innovaciones, por tanto ella requiere de esfuerzos permanentes ya sean de promoción y fomento, sustentados en la ventaja de asociarse, identificando ello como un medio eficiente para captar oportunidades de beneficio individual y grupal, sostenibles a largo plazo y como plataforma de competitividad en mercados crecientemente globalizados. La asociatividad por cierto, permite enfrentar desafíos mayores mediante economías de escala, reducción de costos de transacción, transferencia de conocimientos que conduzca a mejorar la competitividad y productividad del sector agroalimentario.

Es oportuno señalar por otra parte, que cada territorio debe encontrar su propio espacio productivo según sus condiciones agroecológicas, infraestructura disponible y capital humano. El sector público y privado, deben trabajar conjuntamente en identificar oportunidades para las pequeñas, medianas y grandes empresas de los respectivos territorios. Con ello se incrementará el desarrollo económico y la calidad de vida de las personas. En suma la reconversión es superar las realidades y vislumbrar oportunidades, las que siempre existen.



Campo&Tecnología © 2019