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Reportaje - 04 de diciembre a las 10:42

Tecnologías de Riego y Situación Hídrica de Chile.


Aumentar la eficiencia mediante nuevas tecnologías que permitan mejorar la captación, conducción y distribución extra predial del agua riego, perfeccionar los sistemas de riego intraprediales e implementar otros sistemas altamente eficientes, que combinados con estrategias para obtener ahorros entre un 30% y 50% de los volúmenes de agua utilizados actualmente, son algunas de las recomendaciones que comparte el Dr. Luis Gurovich, Ingeniero Agrónomo y actual vicepresidente de la AGRyD, en relación a las diferentes actividades económicas involucradas en el uso del agua.

El especialista y Director de Proyectos de Recursos Hídricos de G&A Consultores expuso su visión durante la AGRyD Expo Virtual 2020, oportunidad donde junto con analizar la situación hídrica nacional abordó el impacto que tiene ésta en la Agricultura.

SOMOS AGRICULTURA DE RIEGO

En términos cuantitativos, Gurovich mencionó que nuestro país cuenta con 2.123.943 hectáreas cultivadas, de las cuales un 52% (1.093.812 hectáreas) están bajo riego. Y de estas, 789.840 hectáreas corresponden a riego gravitacional y 332.972 (un 30%) a sistemas presurizados, con 56.498 hectáreas con riego por aspersión y 247.474 con riego por microaspersión (goteo y microjet).

Otro dato importante es que el total de la superficie regada representa el 72,5% del valor económico de la producción agropecuaria de las áreas regadas y, a su vez, representa el 24% de las exportaciones totales, incluidas las exportaciones de Cobre.

“Estos datos porcentuales, que son de los más altos del mundo nos permiten aseverar que nuestra agricultura es una agricultura de riego y de gran importancia para la economía nacional”, dice.

Otro aspecto importante – agrega – es que la agricultura de riego la realizan en nuestro país 329 mil agricultores, de los cuales el 85% pertenece a la Agricultura Familiar Campesina, la que se concentra entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos, superando por amplio margen a aquellas empresas que se dedican a la producción de alimentos.

En cuanto a la demanda de agua, Gurovich señala que - según datos del Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT) - el consumo de agua por sector económico lo encabeza la Agricultura (571 m3/s). Y, según datos de Fundación Chile, la distribución del consumo de agua superficial y subterránea llega al 88% para la Agricultura (ver Gráfico 1, Figuras A y B).

“Este escenario implica dos desafíos: buscar nuevas fuentes de agua, lo que ofrece posibilidades limitadas, aunque aún hay un horizonte respecto a aguas subterráneas de manera tal de captarla desde los acuíferos para bombearla en los meses de mayor escasez, lo cual requiere inversiones importantes y de una política nacional de compleja adaptación; y regar más superficie con menos agua, por lo que un incremento sustantivo de la eficiencia en su uso se hace indispensable, existiendo mucho por avanzar en esta materia”.

Y si bien, destaca que nuestro país ha avanzado bastante en los últimos 30 años, pasando de una eficiencia de un 28% a un 52%, aún existe una brecha importante por mejorar dado que hoy existen sistemas y tecnologías que están en un orden del 90% de eficiencia.

Para Gurovich, las tecnologías de riego cobran mayor importancia cuando existe un mal uso del agua, lo que genera problemas de eficiencia del riego, baja eficiencia energética (hoy día este factor es considerable en los costos de producción), deficiencias en el uso de agroquímicos, limitaciones en el potencial uso del suelo, mayores niveles de contaminación y, por consiguiente, efectos negativos sobre la calidad de vida de las personas.

“La agricultura es el usuario mayoritario del agua y la utiliza con una eficiencia que no está en consonancia con la disponibilidad actual ni futura del recurso hídrico, dado el impacto que está teniendo el Cambio Climático sobre el balance hídrico general que tiene el país. Hoy día el país tiene una demanda de 962,8 L/seg, lo que contrasta con una oferta que llega a los 28.348,5 L/seg, lo que en una primera mirada supone que no nos falta agua, por el contrario, nos sobra; pero esta abundancia no se condice con las necesidades existentes a lo largo del país, existiendo una mayor oferta donde tenemos menos población y menos agricultura, pero es muy deficitaria en la zona central, donde la actividad agrícola es más importante”, dice.

En este contexto – agrega – han surgido diferentes proyectos que apuntan a llevar agua desde zonas en las que este recurso abunda hacia donde escasea a través de carreteras hídricas (continental y/o marítima), proyectos que “requieren la inversión de importantes recursos económicos pero además deben enfrentar problemas de gobernanza que no son de fácil solución”, dice.

MAYOR EFICIENCIA

Respecto a la eficiencia del riego, Gurovich señala que en las 790 mil hectáreas aproximadamente que cuentan con riego superficial (gravitacional) la eficiencia promedio llega al 53%, con rangos que van desde el 10-30 % para el riego por tendido, 40-60 % para el riego por Bordes y 40-65 % para el riego por Surcos. En cambio, en las 330 mil hectáreas aproximadamente de riego presurizado, se alcanza un promedio de eficiencia del 85%, con rangos 50-90% en riego por Aspersión, 60-75 % en riego por Microjet y 75-95 % en riego por Goteo.

No obstante, un aspecto a considerar es el tiempo u horas de riego, ya que el 80% de los agricultores riega menos de 10 horas al día y un 95% menos de 14 horas al día (con disponibilidad las 24 horas). “Ese es un factor crítico de fácil resolución porque es un problema de orden cultural y no técnico”, comenta.

Asimismo, destaca que “el Cambio Climático impactará de manera revolucionaria en los aspectos de uso del suelo para enfrentar esta realidad, lo que está reconfigurando el mapa agrícola del país. Y para enfrentar estos cambios, se requerirá fortalecer la institucionalidad público - privada y académica, ya que ninguna en forma individual podrá hacer frente a los cambios, tanto en los requerimientos de conocimiento, información y políticas a largo plazo. Esto porque la ampliación de las zonas de riego requerirá abordar aspectos hidrológicos, de infraestructura, agronómicos, económico-sociales e institucionales”.

ESTRATEGIAS         

En cuanto a posibles estrategias a implementar señala que dado que la evapotranspiración depende de la demanda atmosférica y de las características del cultivo, lo único en lo que se puede intervenir es en las condiciones ambientales donde se desarrolla el cultivo como por ejemplo el uso de mallas anti-radiación, cortinas cortaviento y cobertura de suelo, que permitirá minimizar el impacto de la evaporación y, de esta manera, destinar toda el agua que se almacena en el suelo para riego a la transpiración de los cultivos.

Otras estrategias a implementar y que se han probado exitosamente en el país es el riego deficitario controlado en etapas fenológicas específicas de los cultivos, “vale decir, aportar con el riego menos agua que la demanda atmosférica, para aportar la totalidad del requerimiento hídrico en los periodos del cultivo en que está comprometido el rendimiento”, explica.

También se puede hacer agricultura con riego deficitario sostenido, lo que se ha probado en países como Australia e Israel; y una técnica denominada Secado Parcial de Raíces, “la cual riega de manera alternada un lado de la hilera y en el siguiente evento de riego el otro lado de la hilera, para así ahorrar agua, manteniendo la apertura estomática y la conductancia para bajar la evapotranspiración; no obstante, estas técnicas tienen un impacto negativo sobre los rendimientos y la calidad de la producción. La única manera de alcanzar el potencial genético de producción de una determinada variedad es aportar la totalidad del riego que corresponde bajo las condiciones de suelo y clima específicas del sitio donde se desarrolla el cultivo”, explica.

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Sobre las nuevas tecnologías de riego localizado, Gurovich destaca que éstas se basan en los avances que se han alcanzado con el uso de emisores de nueva generación. “Tienen una eficiencia cercana al 100% y se denomina Hidroponía abierta o Hidroponía de campo, con aplicaciones de agua con tal precisión (menores a 1 L/hr), bajas presiones de trabajo, con características de goteros que permiten un bulbo húmedo más ancho, alta eficiencia, ahorro de agua y energía, y menores costos de sistema (bombeo y tubería)”, dice.

Estas nuevas tecnologías han sido consecuencia de cuatro disciplinas de gran desarrollo en los últimos años: Microelectrónica, con sensores de suelo, humedad y planta que permiten llevar un control exacto de lo que está pasando en este sistema; Telemetría, digitalización y transmisión de datos entre los sensores, que permiten predecir o mantener una operación total a distancia del agua en los cultivos; Procesamiento de datos digitales, que permiten tener una visión más exacta del sistema; y Macro y micro-hidráulica, con emisores, válvulas y filtros que permiten una mayor eficiencia en el uso del sistema.

“Estas disciplinas al combinarse han permitido el desarrollo de dos grandes avances: Internet de las Cosas y Big Data Management, los que permiten lograr una Gestión Inteligente del Agua (Smart Water Management), donde nuestro país ha demostrado estar muy avanzado y con pasos importantes para transferir esta tecnología a nivel de productores”, comenta.

Así, la selección del método de riego será relevante para lograr maximizar los retornos de la inversión, cuyos costos están asociados a la infraestructura del sistema de riego, mano de obra y operación del sistema (energético); y a los beneficios que se pueden obtener de él, tanto en producción, mejoramiento de la calidad del producto, aumento de la eficiencia y, por ende, aumentar la sustentabilidad de la actividad productiva.

LECTURA DE FOTO

Luis Gurovic R., Ingeniero Agrónomo

Vicepresidente de AGRyD

Director G&A Consultores