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Investigación - 17-09-2019
El propósito de este artículo es dejar en claro algunos conceptos o apreciaciones respecto al uso del agua de riego en la agricultura. Desde un punto de vista microscópico, el riego juega un papel fundamental en la agricultura puesto que los cultivos contienen un alto porcentaje de agua en su estructura; por ejemplo una lechuga, un zapallo, un tomate o una manzana pueden contener hasta un 90% de agua. Dicho de otro modo, la agricultura no es nada más que la cosecha del agua y de la energía solar concentrada en los productos que de la agricultura se extraen. Así si consideramos la agricultura de exportación, nosotros estamos exportando agua.
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La agricultura consume una gran cantidad del agua disponible para uso consuntivo. Se estima que en el país, así como en otros países, la agricultura consume un 70% de estos recursos aproximadamente. Este gran consumo de agua se debe a que los vegetales necesitan transpirar para mantener una temperatura que asegure su metabolismo. Por ejemplo, si cosechamos 50 t de tomates por hectárea el consumo de agua en la temporada para soportar esa producción es de alrededor de 5000 t de agua, es decir, cosechamos sólo un 1% del agua que aplicamos. Esto quiere decir que ya el proceso natural de producción es “ineficiente” en el uso del agua.

Bajo la amenaza del cambio climático, la disponibilidad de agua en general se vería restringida. Por un lado se espera un descenso de las precipitaciones y, por otro lado, un aumento de las temperaturas, con lo cual el consumo de agua en la agricultura pudiera ser mayor, lo que obligaría a ser más eficientes en el uso del agua y de la energía en este rubro.

En la actualidad, la eficiencia promedio del riego es baja en Chile, siendo alrededor de 40% vale decir, de 100 metros cúbicos de agua que se aplica en el riego, solamente quedan 40 metros cúbicos para el cultivo y el resto se pierde del potrero. Esto se debe a que en un 72% de nuestra superficie regada se usan métodos gravitacionales de baja eficiencia. En realidad el agua no se pierde en el sistema, puesto que igual va a parar a fuentes superficiales y subterráneas. Sin embargo, existen tecnologías de riego de mayor eficiencia usadas en el país, como son el riego localizado (goteo, microaspersión) y el riego por aspersión, que requieren energía para utilizarlos, con costos mayores de inversión y de operación.

Actualmente en Chile existe un gran interés por aumentar la superficie bajo riego lo que se refleja en una gran cantidad de fondos concursables a través de la ley de fomento y otras iniciativas institucionales y regionales.

Las tecnologías de aplicación de agua no son nuevas, aunque se requiere mayor investigación para determinar los requerimientos precisos de agua para los cultivos de interés. En este aspecto, existe la oportunidad para innovar, conociendo la demanda de los cultivos, las condiciones ambientales en que están creciendo y las tecnologías disponibles, para desarrollar nuevas estrategias que permitan aumentar el aprovechamiento del agua en la agricultura. Existen tecnologías en qué se aplica la instrumentación, cada vez de mayor desarrollo, para medir variables en las plantas, en el suelo y del clima qué definen la cantidad de riego necesario:, el uso de sensores de humedad en el suelo, mediciones del estado hídrico del cultivo, estaciones meteorológicas locales a nivel de predio, otras tecnologías de tipo Informático y automatismos que permiten el monitoreo permanente de estas variables y tomar decisiones de riego en tiempo real, como es el uso de drones con sensores de temperatura que permiten determinar cuándo el cultivo necesita agua o el uso de aplicaciones para teléfonos inteligentes que activan automáticamente sistemas de riego; también tecnologías desarrolladas a partir del conocimiento del cultivo en particular qué indican cuánto y cuando regar con mucho más precisión, como es el riego deficitario controlado, el riego parcial de raíces o el riego de precisión.

Desde un punto de vista macroscópico, la situación de aumentar la eficiencia en el uso del agua por la agricultura es algo claro y el desarrollo está bien enfocado, sin embargo, es necesario considerar en una visión panorámica que el uso de los recursos hídricos es un problema global qué debe ser analizado a nivel de todos los interesados en el uso del agua presentes en una cuenca hidrográfica considerando la disponibilidad hidrológica y sus posibles cambios futuros; con esto quiero decir que el desarrollo del riego debe estar considerado en una planificación y una gestión integral de los recursos hídricos a nivel de cuenca y no solamente que considere la agricultura que allí se realiza sino que las otras actividades que requieren agua o cuyo interés es el agua como es el caso el uso doméstico que debería ser prioritario, el uso industrial, el uso minero, la conservación de la naturaleza, la generación de energía, la piscicultura, uso recreacional y hasta uso religioso. Para esto es necesario el acuerdo de los usuarios del agua a nivel de cuenca, pues será la única manera de enfrentar los cambios amenazantes del clima futuro.

Ya sea a nivel de un interés particular de elevar la eficiencia de riego en un predio o la planificación de los recursos hídricos en escenarios de cambio climático, es necesario capacitar a los profesionales, técnicos e interesados en estas temáticas, papel que les compete a las universidades a través de cursos, diplomados y postgrados, formando especialistas en nuevas tecnologías y estrategias de organización.

Por Jorge Baraona Venegas
Ingeniero Agrónomo M.Sc.
Departamento de Ciencias
Agronómicas y Recursos Naturales
Facultad de Ciencias Agropecuarias y Forestales
Universidad de La Frontera