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Reportaje - 15-05-2019
De la mano del Cambio Climático y de un mejoramiento genético indiscutible, la actividad agrícola en general está enfrentando una etapa decisiva hacia una mayor sustentabilidad, donde la actividad frutícola, por un lado, ha comenzado a invadir nuevas zonas geográficas que antes jamás habrían sido pensadas con aptitudes para la producción de frutas y, por otra, el desarrollo de nuevas variedades comienzan a dar respuesta a las exigencias que impone la escasez de precipitaciones y el estrés calórico.
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No existe duda de las múltiples consecuencias que está teniendo en la actividad silvoagropecuaria el fenómeno del Cambio Climático. Temperaturas extremas, escasez de precipitaciones y períodos prolongados de sequía están arrastrando a esta actividad productiva a adaptarse y evolucionar si es que no quiere desaparecer, ampliando la zona frutícola del país hacia zonas geográficas que para nuestros abuelos jamás tuvieron aptitudes para la producción de frutas.

Fue hace tan sólo un par de semanas que el Ministro de Agricultura, Antonio Walker, durante el lanzamiento de la COP 25, la cumbre internacional que abordará en nuestro país el fenómeno del Cambio Climático en diciembre próximo, puso el acento en sus consecuencias, sobre todo, en las disminuciones de las precipitaciones, por lo que el desafío va en diferentes ámbitos, promoviendo el desarrollo de variedades adaptadas a los estrés tanto hídrico como calórico, como también implementar políticas públicas para suministrar agua donde más se requiere.

“El cambio climático llegó para quedarse. Y, tal vez, una de las principales consecuencias es la disminución en las precipitaciones. Lo paradójico es que nuestro país tiene más de 8.500 millones de metros cúbicos que se vierten al mar todos los años”, señala la autoridad agrícola.

En tanto, para Marta Alfaro, Subdirectora Nacional de I+D del Instituto de Investigaciones Agropecuarias, el cambio climático está ofreciendo también una gran oportunidad para ampliar la frontera de la fruticultura y la vitivinicultura hacia el sur del país.

Es en este contexto que el instituto dependiente del Ministerio de Agricultura ha estado ejecutando el programa IdeaLab, una instancia donde los distintos centros regionales del INIA han dado a conocer la experiencia y contribución que han hecho en distintos rubros y zonas productivas.

“El desafío es focalizarse en conocer y priorizar la demanda de tecnología del sector privado en temas como la producción arándanos y frutales menores; cerezos y frutales de clima templado; frutales de nuez, como avellano europeo y castaño; además de vitivinicultura”, comenta.

Para Patricio Mejías, uno de los profesionales e investigadores del INIA que ha participado activamente de los IdeaLab, si bien las regiones de Los Ríos y Los Lagos presentan condiciones edafoclimáticas especiales para la producción de frutícola y de vides, “los productores enfrentan desafíos diferentes a los de otras regiones productoras del país, en temas como manejo de huertos, mecanización, nutrición vegetal, e inocuidad alimentaria, que requieren ser abordados con una mirada local y específica”.

Ante este escenario de amenazas y oportunidades, el presidente de FEDEFRUTA, Jorge Valenzuela, el sector frutícola nacional está viviendo un nuevo boom sustentado en el desarrollo de nueva genética que, por consiguiente, ha traído el surgimiento de nuevas variedades.

“Pero si queremos sacarle partido a este boom debemos subirnos al carro de la reconversión, para lo cual necesitamos mejor financiamiento, mayor sintonía fina con el uso del recurso hídrico y un mejor manejo agronómico, lo que en su conjunto nos permitirá desarrollar una actividad más sustentable”, destaca.

El dirigente gremial destaca que las nuevas variedades ofrecen una serie de ventajas, donde las más relevantes son “aprovechan de mejor manera el recurso hídrico y son las más atractivas en los mercados internacionales. Por estas razones debemos seguir trabajando en robustos programas genéticos”, dice.

Ganaderos incorporan nuevas especies forrajeras

Recientemente en Osorno, durante un seminario “Praderas adaptadas al Cambio Climático”, organizado por el INIA Remehue, con apoyo de la empresa semillera SG 2000, especialistas analizaron la importancia de utilizar distintas especies y variedades forrajeras en el actual contexto de cambio climático.

La principal conclusión del seminario fue clara. Bajo las actuales condiciones, los productores ganaderos están obligados a incorporar nuevas especies forrajeras.

“El INIA ha realizado estudios que han demostrado que hay especies como pasto ovillo, bromo, festulolium y festuca, que muestran una mayor producción de verano -en algunos casos más del doble- y un mejor grado de resistencia a algunas plagas, en comparación con ballica perenne, la especie más utilizada en el sur de Chile. Adicionalmente, el INIA ha generado variedades adaptadas al cambio climático como Póker-INIA, una la mezcla forrajera derivada de las variedades Bronco-INIA y Bromino-INIA generadas en Chile en un trabajo realizado en INIA Carillanca”, destaca Ivette Acuña, ingeniero agrónomo e investigadora de INIA Remehue.

Fernando Ortega, mejorador genético de forrajeras y actual Coordinador Nacional de Cultivos y Recursos Genéticos del INIA, destacó las características del bromo Póker-INIA, la que – dijo – “se caracteriza por su mayor rendimiento de forraje tanto en condiciones normales como de estrés hídrico; una buena persistencia productiva, crecimiento uniforme a través del año y resistencia al ataque de gusanos blancos y otros insectos del suelo”.

Uva de mesa también evoluciona

El Programa de Mejoramiento Genético de Uva de Mesa, que se realiza en el huerto experimental de Curacaví del Consorcio Tecnológico de la Fruta de ASOEX ha sido una instancia para dar a conocer importantes avances respecto a las evaluaciones comerciales de las selecciones avanzadas y a nuevas preselecciones con gran potencial para convertirse en nuevas variedades.

A la fecha, el PMG cuenta con 26 selecciones avanzadas de uvas de mesa, diez de las cuales están siendo evaluadas en huertos comerciales en las principales zonas productivas de esta fruta desde Copiapó a O´Higgins. El programa se desarrolla conjuntamente entre la industria frutícola (ASOEX y empresas exportadoras), la academia (Universidad Católica) y el sector público (CORFO), centrándose en generar uvas rojas, negras y verdes de alta calidad, sin semillas y de larga vida de poscosecha.

Para Ronald Bown, presidente de Asoex y del Consorcio Tecnológico de la Fruta, la importancia de este tipo de programas para la industria chilena de la fruta permite contar con genética chilena, lo cual facilita el proceso de reconversión, dado que los desarrollos han sido probados en distintas regiones y con distintos manejos.

“Este Programa está desarrollando variedades no sólo más acordes al gusto del consumidor, sino que a la vez se adapten a diferentes condiciones y zonas productivas de Chile, lo que finalmente, significará que le sector dispondrá de variedades nuevas que le permitan reconvertirse, sobre todo respecto de variedades antiguas que cada vez encuentran menos mercado”, dijo Bown.

Sobre este último aspecto, los desarrollos del PMG cuentan con selecciones avanzadas de uvas que podrían reemplazar a Flame, y también uvas de producción más temprana que Thompson Seedless.

Una buena vida en poscosecha, es otra área en la cual trabaja el Programa, pues el objetivo es generar variedades de uvas de mesa chilenas que permitan llegar en buenas condiciones y calidad a mercados de destino tan lejanos como los de Asia. En este sentido los desarrollos están centrados en variedades que no se desgranen, no se manchen, que mantengan su color y conserven las características organolépticas que a los consumidores les interesan por lo menos 45 días.

Otro aspecto destacado es que se está buscando que las variedades de uvas de mesa que se desarrollen posean resistencia a hongos, aspecto que fue ampliamente destacado por el Dr. Patricio Arce, Director del PMG de Uva de Mesa del Consorcio Tecnológico de la Fruta.

“Esperamos ser uno de los primeros en lanzar una variedad de uva de mesa resistente a hongos. De hecho ya tenemos desarrollos que muestran una gran resistencia a Oídio, lo que está vinculado a una mayor sustentabilidad, ya que significará para los productores el uso de menos productos y menor costo de producción. Será una uva perfecta para orgánico”, dijo el académico.